Puestos a hablar de lugares de alguna manera entrañables, uno de mis recuerdos de la infancia más nítidos y a la vez más confusos (curiosa paradoja) se ubican en la bellísima ciudad de Lisboa. Recientemente tuve la oportunidad de ir, de volver, y sentir la extraña sensación de lo conocido y lo desconocido, pasar por lugares en los que he estado y de los que conservo una memoria que va reconstruyéndose según se van pisando.
Lo que más me llamó la atención de Lisboa (esta última vez) fue su famosa saudade. Según la etimología saudade es un sentimiento de melancólico recuerdo de una alegría ausente. Esto es cierto, y así paseé por sus calles. Lisboa es ciertamente una ciudad melancólica y llena de gente que recuerda tiempos mejores: melancolía y ausencia. Bonitas palabras.
Como dice mi admirado José Saramago: "La memoria, en esta casa de archivos, es tenaz, lenta en olvidar, tan lenta que nunca llega a borrar nada por completo".Lisboa siempre será para mí una foto en sepia, como el melancólico recuerdo de una alegría ausente.

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